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El agotador ejercicio de analizar a este Pucela 

Real Valladolid 1 – 2 Gimnàstic de Tarragona | Nueva debacle pucelana

Cuando parece que todo va bien en el seno del Real Valladolid, el equipo de Paco Herrera se encarga de derribar toda la ilusión posible. De igual forma en el sentido contrario. Cuando se rompe la esperanza, el equipo parece resucitar para ampliar esta larga agonía en la que se está convirtiendo el ejercicio de analizar a este Pucela. Resulta imposible poder conseguir una regularidad en el análisis ni poder entender al equipo desde una base. Cada partido es un mundo, cada encuentro tiene diferentes variantes y, con todo ello, el Real Valladolid está, con 35 partidos oficiales disputados, sin base, sin esquema, sin un estilo y sin una identidad. Todo, obviamente, lleva a la desesperación del entorno y el agotamiento por hacer un análisis consecuente, regular y equilibrado.

Raúl de Tomás se lamenta tras una ocasión marrada en el tiempo de descuento el partido <em><strong>(LaLiga)</strong></em>

Raúl de Tomás se lamenta tras una ocasión marrada en el tiempo de descuento el partido (LaLiga)

Un mundo totalmente opuesto
Ganar (1-2) en Alcorcón fue una bombona de oxígeno para el Real Valladolid pero, a su vez, un error de comprensión. La realidad del equipo de Paco Herrera es muy diferente a la que quería pintar el entrenador pacense. En tierras madrileñas, Herrera se dejó llevar por la euforia de los tres puntos. Con ellos en ellos, y basándose sólo en ellos, en la reacción del equipo y en la remontada liderada por Juan Villar, el Pucela soñaba. Lo hacía lejos de la realidad y de su situación.

Este Real Valladolid se encuentra muy lejos de lo que el entrenador pucelano narraba en aquella comparecencia en el Estadio de Santo Domingo. Ese sensación de éxito del equipo blanquivioleta es muy lejana. Los pucelanos están muy lejos de volar y, tristemente, de poder ser regulares y, por lo tanto, de ser una opción de cara a vivir en la zona de promoción las últimas semanas.

Una de las frases más utilizadas y manidas en el mundo de fútbol es aquélla que asegura que cada partido es “un mundo”. Nada tiene unión y lo conseguido anteriormente, no ayuda al éxito. Y al revés. Un error no te resta para el siguiente duelo. Son mundos diferenciados y más en este Real Valladolid. Resulta agotador analizar a un equipo con versiones tan opuestas. La peor sensación que, a nivel individual, me deja este Pucela es la de un equipo sin identidad y sin trabajo que, por cualidades y detalles, podría estar en aquellos puestos que sueña.

Muerto en sus cualidades
Tras una primera parte en la que el Real Valladolid no fue inferior al Gimnàstic de Tarragona sino, más bien, en la que fue mínimamente superior, el equipo catalán se marchaba al descanso con ventaja en el marcador tras aprovechar un error blanquivioleta. Los pucelanos siguen dejando la triste sensación de tener que rozar la perfección para llegar al éxito pero la necesidad de un minúsculo error para perder el partido. Sin ejecutar sus fases de dominio, los de Paco Herrera siguen siendo lastrados por aquéllas en las que el rival es mejor.

Este Real Valladolid sigue sufriendo mucho en el intercambio de golpes y no consigue imponerse dentro de los “mundos” del propio partido. Sin demostrar en el marcador sus buenas fases, es derrotado en los que el rival es mejor. Sin ser equilibrado en el juego ni en el dominio, todo desfavorece a aquel que pierde los diferentes partidos dentro del propio duelo y el Real Valladolid lo hizo ante el Nástic. Los de Juan Merino, más hechos y conscientes de sus objetivos, aprovecharon sus oportunidades, llegadas por errores del rival o aciertos propios.

Error mayúsculo
En este caso, en la decimotercera derrota de la temporada, existe un detalle que rompe el duelo y que hizo caer a los pucelanos. Las lesiones de Rafa López y André Leão fueron un lastre muy alto para los vallisoletanos. No ya por la baja de dos jugadores importantes sino por la solución que adoptó de Paco Herrera. El nivel de nerviosismo y permutas al que ejecutó el pacense a los pucelanos en los minutos finales del partido desconcertó al equipo. Le llevó a una locura tal que, con la derrota ya en el marcador, los pucelanos no consiguieron asustar al rival.

Manolo Reina y su defensa, muy ajetreados en la sensación de peligro pucelana durante todo el partido, vivieron los minutos más tranquilos del partido en el tramo final. Paco Herrera tomó parte en el duelo y debilitó a su equipo. Los jugadores perdieron la tranquilidad y el dominio del duelo y, por consiguiente, vieron escaparse tres puntos que valen regresar al estado de crispación.