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La tristeza de ser un equipo más en esta categoría 

S.D. Hueca 1 – 0 Real Valladolid | La prueba de la triste realidad blanquivioleta

Once derrotas en 28 partidos es un registro que demuestra la pobre realidad del Real Valladolid. Una tristeza que ya supera todas las barreras posibles y que demuestra que el equipo blanquivioleta es uno más en la categoría. Con la frialdad y las horas pasadas desde la triste derrota en El Alcoraz, la situación vallisoletana tiene una lectura que invita a ver que los de Paco Herrera tienen muchos objetivos antes de pelear por el play-off. Pese a que el entrenador pacense asegura que el Pucela sería el mejor en una hipotética promoción, nada hace verla como viable. La situación del equipo invita, nuevamente, al pesimismo más absoluto. No para esta temporada sino para este soñado proyecto del que tanto se ha hablado y que tanto ha ilusionado.

Los jugadores del Real Valladolid hacen piña antes del inicio de la segunda parte <em><strong>(LaLiga)</strong></em>

Los jugadores del Real Valladolid hacen piña antes del inicio de la segunda parte (LaLiga)

Bendita frialdad
Uno de los motivos por los que este verano decidía crear ‘La frialdad de los partidos’ era por la sensación que tenía de ver un partido al finalizar y el radicalmente opuesto que presenciaba cuando horas después pensaba en él. Así, y tras ver en directo y en vivo, el partido ante la Sociedad Deportiva Huesca, la sensación ha variado. Aunque, en este caso, la mejor descripción, es que se ha reducido. La frustración, la decepción y la desilusión se han reducido. Ahora, por suerte, son menores. “El tiempo todo lo cura”, dicen.

La decepción no llega por el partido, que también. Los claros gestos de desolación que tengo llegan porque el Real Valladolid, como entidad, ya no es diferente. Tristemente, hace ya unos años que es un club de Segunda división. Ocho de las últimas 13 temporadas en Segunda lo confirman. Lo triste ya no es el peregrinaje. Son las formas. El Real Valladolid ya no es respetado en la categoría. Ya se le ve como uno más. No consigue demostrar en el terreno de juego nada. Lleva tres años deambulando por la categoría y los demás lo ven. Huesca, Miranda de Ebro, Leganés o Palamós han visto versiones muy tristes del Pucela. Situaciones que se pagan muy caro.

El daño que está sufriendo el Real Valladolid en las últimas temporadas es terrible. Su imagen está muy golpeada y ya no es que sea un equipo más en esta categoría, es que va camino de asentarse en ella y hacerlo sin una ambición de clasificación. La realidad se está comiendo a la entidad en una dinámica pobre de poco juego, tristes resultados e insuficiente reacción. Este Real Valladolid no es capaz de ser regular. Pero ya no solamente en la competición sino dentro de los propios partidos. Además de la nula ambición, la capacidad de reacción debilita a este equipo. Una bochornosa realidad que hace pensar que la remontada (2-1) al Rayo Vallecano fue un espejismo.

Siempre puede ir a peor
Muchas veces se ha escuchado a entrenadores hablar de que la segunda parte era mejor que la primera porque “pero no se podía hacer”. El nivel era tan bajo que superarla era fácil. El Real Valladolid en Huesca hizo lo contrario. Tras unos primeros 45 minutos sin bagaje ofensivo ni ambición, la segunda parte vio reducida todas las esperanzas y posibilidades de victoria. La única realidad es que el Pucela no golpeó entre los tres palos de la meta aragonesa y se acercó con pocos efectivos y en muy pocas ocasiones a ella.

Si en la primera parte el equipo “superaba líneas”, como afirmaba Paco Herrera en su comparecencia, en la segunda regresaba esa sensación de nula velocidad de juego de un equipo lento, pesado y sin ambición. La regularidad fue blanquivioleta pero dentro de una mediocridad absoluta. La tristeza de un equipo pobre y que se acerca a la intrascendencia en la categoría. Es triste ser un equipo más pero peor es que te pierdan el respeto futbolístico y este Real Valladolid lo está consiguiendo y, sobre todo, sufriendo.

La ambición de los nueve puntos
El problema ya no es perder en Huesca. Nunca se ha ganado en El Alcoraz y en dicho estadio, por ejemplo, el Pucela de Miroslav Djukic empataba (2-2) tras ser remontado después de una ventaja de dos goles. Huesca nunca ha sido fácil pero siempre ha dejado un poso de coraje blanquivioleta. Incluso en año pasado, con Gaizka Garitano, el Real Valladolid firmaba 25 minutos iniciales de una calidad tremenda.

En esta ocasión, nada. Nada que llevarse a la boca. Nada con lo que alimentarse. Así, y a más de un partido de la zona de promoción, el Real Valladolid debe formatearse. De la forma que sea. Sin excentricidades pero sí basándose en la realidad. Este equipo debía dar un golpe encima de la mesa en la fase en la que se encuentra y no lo está consiguiendo. Si el duelo ante el Club Deportivo Lugo, el viaje a Huesca y la visita del Levante UD eran nueve puntos para “marcar el futuro”, los dos primeros vagones hablan de dos puntos, de una nueva pérdida de la identidad y de la triste realidad de no ser nadie especial. No serlo por no tenerlo. No tenerlo por méritos.


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