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Valoremos a Herrera lo que hace y no lo que dice 

Paco Herrera cambiaba la dinámica del último partido con una gran comparecencia

Tras un mal partido, el entrenador debe asumir la responsabilidad, mostrar dolor por la imagen y la situación del equipo pero mandar mensajes positivos al entorno para que éste siga confiando. Debe, a su vez, mostrar compresión sobre los jugadores mientras muestra al entorno que les exige y les pide más. Debe quedar claro que son ellos los protagonistas pero que él es el líder. Con todo ello, si sumas mensajes de ilusión, agradecimiento al apoyo del público, presente en la grada o desplazado junto al equipo, todo cambia. La situación ya no es delicada. Es ilusionante. La exposición del entrenador cambia todo. El partido ya no se recuerda de la misma forma. El juego ya no es tan malo. La ilusión por las palabras del entrenador es total. Todo esto ocurría este domingo en el Estadio José Zorrilla. Tras un mal partido del Real Valladolid, Paco Herrera supo manejar la situación. Lo hizo de una forma espectacular. Muy convincente hasta que habló de “cuadrar”.

Paco Herrera en la rueda de prensa tras el empate ante el Club Deportivo Lugo <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Paco Herrera en la rueda de prensa tras el empate ante el Club Deportivo Lugo (RealValladolid.es)

Mejor, imposible
Tras el empate (1-1) ante el Club Deportivo Lugo, Paco Herrera comparecía en la sala de prensa del Estadio José Zorrilla sabiendo muy bien qué tenía que decir. El pacense, dada su experiencia en los banquillos, sabía que debía cambiar el foco tras el partido. Debía cambiar el análisis tras la paupérrima igualada. Dicha intención pareció cumplirse por lo brillante de las palabras del entrenador blanquivioleta. Brillante exposición. Triste compra.

Tras un análisis táctico muy completo del partido, el míster analizó lo que había buscado con los cambios, lo poco que había conseguido así y, tras ello, consiguió afirmar todo aquello que el entorno quería escuchar. Los periodistas y la afición querían ver a un entrenador dolido por la imagen del equipo, como así fue, pero un preparador convencido de sus jugadores, del trabajo y del esfuerzo. Dicho y hecho. A su vez, usó términos convincentes de motivación e ilusión. Aquella afirmación en la que aseguraba, textualmente, “lo sacaremos, vamos si lo sacaremos” hasta asegurar que “moriré en el intento”. Todas esas afirmaciones convencieron.

Así, con un entrenador con ese discurso es imposible no creer. Yo, amante de las ruedas de prensa y de todo lo que se puede expresar en ellas, creo. El partido que Paco Herrera jugaba en la sala de prensa del Estadio José Zorrilla era brillante. El del terreno de juego, el que de verdad importa, no. Es cierto que él dio todo lo que estuvo en su mano. Varió el sistema y dio entrada a jugadores de refresco para posiciones determinadas. Herrera lo intentó todo pero no le salió nada y si la semana pasada potenciaba y aplaudía la versión resultadista, esta semana, no. No es posible porque él, responsable del juego de su equipo, no convenció en absoluto.

¿Cuadrarse?
La comparecencia era brillante. Todo lo que Paco Herrera vendía tenía mucha demanda. Nadie dudaba en hacerse con ello hasta que el pacense afirmaba que el equipo se debe “cuadrar”. Para el, el equipo blanquivioleta parece estar aún en formación. De todas las comparecencias del entrenador, ésta estaba siendo una de las mejores pero terminó siendo la peor. Aquélla en la que mostró que el Real Valladolid no está hecho, que las circunstancias por las que compite le vienen grandes y que sus problemas comienzan desde dentro. Puede ser que el Real Valladolid tenga el enemigo en casa y con él no me refiero a Herrera, ni mucho menos.

Actualmente el Pucela no sabe qué debe hacer para ser regular ni por qué debe luchar ni, lo peor de todo, cómo debe pelear por todo ello. Este equipo, pasados 31 partidos oficiales, sigue compitiendo como en los primeros meses de temporada. El problema no radica en tal circunstancia, que ya resulta un problema, ni en el hecho de tener pocos automatismos ofensivos y defensivos, como se probaron ante el Club Deportivo Lugo, sino ver que las excusas siguen siendo las mismas. Aunque las expectativas veraniegas del equipo han variado, las excusas para probar que este equipo ni juega ni obtiene los resultados esperados, no.

La paciencia, la esperanza sobre el trabajo bien hecho, el potencial escondido del equipo, el margen de mejora que aún tiene este equipo… Diferentes análisis que ocurrieron y que siguen sucediendo porque a este Real Valladolid lo entrena Paco Herrera. Si el pacense no fuera el entrenador pucelano… otra dinámica habría en el seno pucelano y otro clima viviría el equipo. Por suerte el ex del Celta de Vigo o Real Zaragoza significa paz en el Real Valladolid y el equipo lo agradece porque, al fin y al cabo, volviendo a la versión resultadista de la semana pasada, el objetivo está sólo a tres puntos. Un partido de distancia. Un mundo de expectativas, sensaciones y realidades.


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