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Cuando la obligación se convierte en un problema 

El Real Valladolid y la poca visión del equipo en campo contrario 

Hasta la fecha, el Real Valladolid nunca ha perdido un partido por ser un equipo desorganizado ni desordenado, y eso que ha perdido durante esta temporada hasta 11 duelos. Los de Paco Herrera no encuentran el equilibrio entre sus líneas por la elevada exigencia que ha instaurado el entrenador pacense en mantener el equipo bien ordenado y trabajado en su propio capo. De un tiempo a la actualidad es normal. Es parte del fútbol. Se mira mucho más la zona defensa que la ofensiva. Es más importante no encajar que exponer por arriesgar en el ataque. El fútbol ha cambiado y en esa variación el Real Valladolid pierde alternativas por su exceso de celo en el equilibrio, esa obligación que se puede convertir en el principal problema.

Paco Herrera, antes del inicio del partido ante el CD Tenerife de este fin de semana <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Paco Herrera, antes del inicio del partido ante el CD Tenerife de este fin de semana (RealValladolid.es)

Desde la necesidad
El fútbol evoluciona mucho. Cambia sin avisar y sin frenos. Si hace unos años, no muchos, dos o tres solamente, se llega a plantear que varios conjuntos fueran a jugar con una línea defensiva con tres centrales y dos carrileros, nadie lo creería y, actualmente, es la base de muchos de los planteamientos. Tanto en España como en el extranjero. El fútbol cambia y lo que hace unos meses era una necesidad en todos los equipos, y que puede seguir siéndolo, se ha podido convertir en un problema para algunos.

Carlo Ancelotti llegó al Real Madrid con el equilibrio en el centro del campo como su gran obsesión. Era una necesidad imperiosa del equipo madridista. Poco a poco lo fue cumpliendo y ese término se hizo extensivo a todos los equipos de fútbol. Nadie lo evitaba y todos lo trabajaban. Se buscaba equilibrar los movimientos defensivos y ofensivos. El fútbol era y es más táctico y esos partidos verticales y de ida y vuelta, con cinco o seis goles, parecen sentenciados y más propios de otra época.

En el actual Real Valladolid parece difícil, por no decir imposible, que el partido sea de ida y vuelta o que tenga esos contragolpes contantes que tan de moda estuvieron poco antes de la llegada del técnico italiano al Estadio Santiago Bernabéu. El futbol cambia y el equilibrio exigido hace unos meses puede ser contraproducente en la actualidad. Por ejemplo, Paco Herrera ha diseñado un equipo que tiene en esa obligación de equilibrarse uno de sus grandes problemas y lastres para poder evolucionar como él quiere.

Los automatismos del Real Valladolid son más para favorecer la vertiente defensiva que la ofensiva y así, aparecen problemas, debilidades y limitaciones en el rombo pero, también, cuando éste no está sobre el campo. Así se demuestra que el problema no es el esquema. Es la idea y los movimientos trabajados y diseñados por del equipo. El Pucela vive para estar en su campo. Está trabajado para no conceder.

Exigencia actual
Hace tiempo que el fútbol ha evolucionado hacia el equilibrio, la defensa y la poca concesión de ocasiones. Los partidos son de menos goles y más de detalles. Éste ya es el deporte en el que se pagan los errores. Una lucha por evitarlos. La presión elevada o la exposición de espacios para poder apretar en zonas determinadas han muerto por el repliegue, la presión a tres cuartos y, así, la categoría ha perdido potencia, fuerza y calidad. Ya no hay grandes goleadores, ya no existen grandes parejas de ataque ni grandes datos ofensivos.

A nivel de gol, la categoría es más débil y con menos calidad pero, a su vez, es cada temporada, más fuerte, exigente y correosa en el sentido defensivo y táctico. El equilibrio es fundamental pero el Pucela tiene un problema en él. Desde él. Se exprime en no conceder ocasiones ni en ofrecer huecos para así, perder parte de su potencial en el campo rival. Carece de fuerza, ideas y alternativas en el último tramo del terreno de juego y esa potencia para defender y en la fase de construcción se va debilitando con el paso de los metros.

Paco Herrera durante una de las primeras sesiones de la pasada pretemporada <em><strong>(ElEspañol)</strong></em>

Paco Herrera durante una de las primeras sesiones de la pasada pretemporada (ElEspañol)

Con evolución ofensiva, el Pucela pierde. El Real Valladolid se deja llevar hasta los últimos metros. Es cierto que para hacer gol a este Pucela se debe generar mucho. No es tan endeble como antes pero, a su vez, éste necesita muchos más minutos para generar peligro y estar cerca del gol. El actual Real Valladolid parece ser un equipo defensivo y ese argumento de que Paco Herrera no es tanto un entrenador ofensivo como sí un preparador que mira mucho más hacia su propio campo que hacia el rival.

Con todo ello y tras 25 jornadas ligueras y casi 30 partido de este proyecto, queda claro que este Real Valladolid mira más por lo que no quiere que pase que lo que quiere que ocurra y que pude estar en su mano. Nada nuevo. Fútbol moderno. Fútbol de la actual Segunda división, aquél que llevó al Sporting de Gijón a Primera división hace casi dos años con sólo dos derrotas en toda la temporada pero con las misas victorias que el Pucela de Rubi.