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El fútbol de Segunda nunca deja de sorprenderme 

Real Valladolid 0 – 0 CD Tenerife | Nueva inoperancia ofensiva de los de Herrera

Intrascendente empate cosechaba el Real Valladolid en la visita del Club Deportivo Tenerife al Estadio José Zorrilla. Los de Paco Herrera, sin rombo en el inicio, pero con él en el segundo acto, no estuvieron a la altura de su propia exigencia. Es cierto que el Pucela no fue inferior al rival pero los pucelanos no supieron sacar rendimiento a su potencial y no hicieron “un buen partido” como aseguraba el propio entrenador. Pese a todo, el equipo sigue derrochando ilusión y esperanza. Pese a firmar peores números que la temporada pasada, el equipo sigue vivo y el entorno esperanzado. El fútbol siempre puede sorprender y más en esta Segunda.

Juan Villar, junto a Jose Arnáiz, protesta a Pizarro Gómez la acción que suponía su expulsión <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Juan Villar, junto a Jose Arnáiz, protesta a Pizarro Gómez la acción que suponía su expulsión (RealValladolid.es)

El pasado más temido
El Real Valladolid recibía este domingo al Club Deportivo Tenerife en un duelo de mucha exigencia para los pucelanos. Tras perder el puesto en la zona de promoción, los blanquivioleta debían imponerse al equipo canario para no verse distanciados en exceso del equipo de Pep Lluís Martí, que les aventaja, y lo sigue haciendo, en tres puntos. No era la única obligación. Los pucelanos debían ganar por el miedo a ser adelantados por el pasado más temido y negro de la historia reciente del club blanquivioleta.

Pese a que lo que ocurriera la temporada pasada no suma ni resta ningún punto en la actual clasificación pucelana, ver que el equipo de Miguel Ángel Portugal sumaba tras 25 jornadas más puntos que el actual, asusta. Es difícil de entender, comprender y analizar pero el actual Real Valladolid es peor que el de la temporada pasada. Peor en cifras. Suma menos puntos pero vive más cerca, en puestos, de su objetivo. Es noveno mientras que la pasada campaña era undécimo a estas alturas. El miedo es comprensible y la incongruencia, total.

Aunque me lleva a la mayor de las sorpresa, es digno de alabar que el Real Valladolid esté trabajando en un clima de tranquilidad, paz y confianza. El entorno blanquivioleta confía en el equipo, en Paco Herrera y en el supuesto margen de mejora del equipo. Los empates no duelen tanto como el año pasado. Empatar en Huesca, con Gaizka Garitano, era humillante. Hacerlo ahora, en el Estadio José Zorrilla, con el Club Deportivo Tenerife, no. Actualmente todo es una cuestión de fe. Una sorpresa mayúscula. Un asombro total.

Sin automatismos
El problema ya no está en el empate o en la nueva semana que el equipo va a vivir fuera de la promoción, lo difícil de digerir está en el buen sabor de boca que, supuestamente, debe dejar el punto cuando el Real Valladolid no estuvo a la altura. Careció de fuerza, de estilo, de potencia, de ataque, de creencia, de alternativas… Fueron muchas las limitaciones del equipo blanquivioleta en un partido que vuelve a dejar dudas sobre Paco Herrera y los segundos partidos que el entrenador pacense debe disputar.

No se trataba en el partido de una situación del esquema, del rombo o de los tres jugadores ofensivos. El problema en el partido estaba en la escasa velocidad de juego que tiene este equipo y la carencia de automatismos y movimientos ofensivos que tiene este equipo. Trabajado, y cada vez mejor, en funciones defensivas, de equilibrio y contención, la constante mirada blanquivioleta a su propio campo, endurece las opciones de crecimiento en el juego ofensivo, aquél diferencial en esta categoría.

Camino de la mediocridad
LaLiga 1|2|3 no está en su mejor momento. Permite demasiados fallos, concede demasiadas oportunidades y no ajusticia a aquel que no llega al nivel que se exige y presupone. El Real Valladolid quemaba una bala más de su cargador con este empate. Con el debate del rombo, las limitaciones de éste y las variantes ofensivas del equipo, la Segunda división nunca deja de sorprenderme. Crece pero no en calidad de los jugadores o de los partidos. Lo hace en la igualdad y, a este paso, en la mediocridad.


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