La linterna de Velasco

La linterna de Ángel Velasco, desde el 20 de febrero de 2007 informando y opinando sobre el Real Valladolid

Táctica Pucela

Dos esquemas y dos estilos para infinitas mejoras

Este Real Valladolid aún no conoce los beneficios y perjuicios del rombo

Desde hace muchos meses este Real Valladolid se debate entre jugar como rombo en el centro del campo o sin él. Tras el buen dominio del balón y de los tiempos del partido en las dos últimas salidas, tanto en la derrota (1-0) en Oviedo como en la victoria (0-1) en Cádiz, en la victoria (2-1) ante el Rayo Vallecano el cambio de sistema que realizó Paco Herrera con la salida de Alex López y la entrada de Raúl de Tomás propició un paso adelante en el juego y en la ambición pucelana. La sustitución, unida al gol de Jose Arnáiz que llevaba el empate al marcador, provocó una mejora en el fútbol blanquivioleta y la duda de saber si este Pucela debe jugar con un esquema en los partidos de casa y con otro para los de lejos del Estadio José Zorrilla.

Míchel Herrero recibe la felicitación de su compañeros tras asistir a Juan Villar <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>
Míchel Herrero recibe la felicitación de su compañeros tras asistir a Juan Villar (RealValladolid.es)

Ya no es lo mismo
Hace unos meses, cuando el Real Valladolid debía buscar su lugar, Paco Herrera afirmó que en aquella situación no entendía de partidos de casa y fuera de ella. El objetivo del Real Valladolid era el mismo. Debía crecer y hacerlo con buenas sensaciones y buenos resultados. El tiempo ha pasado y el Pucela se ha encontrado en la clasificación. Acumula tres de las últimas cuatro jornadas en la zona de promoción pero aún no tiene muy claro cómo lo ha hecho pero, sobre todo, en qué basarse para luchar por mantener ese puesto.

A nivel táctico el equipo tiene conceptos de filosofía claros pero no a nivel de esquemas. El pasado sábado, tras la victoria, Arturo Alvarado aseguraba en su cuenta de Twitter que “lo peor” que podía dejar el partido ante el Rayo es, entre otros asuntos, que “ganar pueda prolongar un mal sistema”. El equipo aún no sabe cómo formar para competir. Con superioridad en el centro del campo o con tres referencias ofensivas. El Pucela debe encontrar su estilo o darse cuenta que para lo que quiere el cuerpo técnico, el Real Valladolid debe asentarse con un esquema para los encuentros como local y otro para los visitantes. La evolución lo exige.

Cuestión de dominio
Pese a que parezca repetir una obviedad, los tres puntos que se ponen en juego fuera de casa y los que se ponen en el estadio propio son iguales. Pese a ello, la cuestión está en cómo se compiten. Por norma general y más ahora que la competición empieza a apretar, los equipos en Segunda división son exigidos en casa. Quieren ser profundos, generar ocasiones y ser ambiciosos. Por el contrario, fuera de casa valen los empates. Dependiendo de las circunstancias y de la clasificación, sumar siempre es positivo.

En esa variedad de propuestas se mueve el equipo y en ellas se debe centrar Paco Herrera. Duelos como el del Rayo Vallecano demuestran que el equipo pucelano comienza a ser un equipo temido y respetado. Los pucelanos han roto muchos de los miedos que tenían y ya se les ve como una opción. Defender es una gran opción para los duelos en los que se visite Pucela y jugar con rombo encierra al Real Valladolid en el entramado defensivo rival. Ante los vallecanos, una genialidad de Míchel Herrero rompió el cerrojo. Hasta entonces, el Pucela se topaba una y otra vez contra una pared.

El empate no cambió al Rayo pero sí la sustitución del Real Valladolid. Con Raúl de Tomás en el campo, Jose Arnáiz y Juan Villar pasaron a jugar en las bandas y el Pucela fue preciso. Ganó profundidad, creció y cumplió esa petición que tenía por competir en casa y que parecía muy alejada de las exigencias que tenía el equipo rayista. El dominio pasó a ser pucelano, la fuerza que el partido demandaba y que la exigencia pedía. Aquél que, muy posiblemente, en Cádiz hubiera llevado a la derrota pucelana.

La lectura del visitante
En el Ramón de Carranza, Paco Herrera leyó muy bien el duelo y las exigencias que éste tenía. Esa versión en la que se le cuestiona los cambios no fue aplicable a aquella tarde. La entrada de Sergio Marcos y Raúl de Tomás ejerció una versión dominadora del Pucela desde el balón. Poca profundidad, mucha posesión de balón y una elevada dosis de paciencia. El Real Valladolid sabía que no era exigido en hacer un gran papel ni en generar un gran número de ocasiones. Podía tener el balón, buscar espacios y encontrar algún fallo en esa pelea por evitar errores en la que se ha convertido el fútbol actual.

Paco Herrera en la rueda de prensa tras ganar al Rayo Vallecano (RealValladolid.es)
Paco Herrera en la rueda de prensa tras ganar al Rayo Vallecano (RealValladolid.es)

El error llegó. Lo cometió Alberto Cifuentes y Joan Jordán hizo gol. Tras él, el Real Valladolid durmió el encuentro. Lo hizo lento, pesado y aburrido. Todo para verse beneficiado de lo que a él le interesaba. Aquel día, cuando regresó el rombo tras varias semanas de ausencia, fue vital. Su presencia en la pizarra fue trascendente como no lo ha sido en toda la temporada. El equipo supo usar el esquema. Hizo el partido lento y Alex López fue capital en esa lectura del juego y en el ritmo que el partido exigía.

Los condicionantes de aquel duelo en tierras gaditanas no eran los de la reciente visita del Rayo Vallecano. Como las ideas, debe ser el esquema, la ejecución y los jugadores que se dispongan desde el banquillo. Este Real Valladolid tiene variantes y las debe explotar con dos disposiciones, dos estilos pero, sobre todo, limando y limitando todas esas incógnitas que tiene el equipo de Paco Herrera, un grupo que vive en la zona de promoción pero con un amplio margen de mejora y un largo listado de detalles por pulir.

1988. Periodista deportivo y entrenador UEFA PRO que cree que en el fútbol todo tiene el término apropiado y un porqué obligatorio. Por ello, desde 2007 lleva entrenando equipos y escribiendo en este pequeño rincón.