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La tristeza de saborear sólo buenas sensaciones 

Real Oviedo 1 – 0 Real Valladolid | Primera derrota pucelana del año 2017

El objetivo de conseguir tres victorias consecutivas se vuelve a ver frenado en el Real Valladolid. Tras un buen inicio de 2017 en el seno del equipo de Paco Herrera, con la confirmación incluso de la estancia en la zona de promoción, la visita al Estadio Carlos Tartiere de Oviedo podía fomentar la candidatura blanquivioleta. En juego, se hizo. En resultado, no. El Real Valladolid caía derrotado en tierras amigas por la falta de efectividad. Sin conceder grandes ocasiones, con un Pau Torres casi desapercibido, el guión fue similar al de los dos últimos partidos pero el equipo en la pegada no tuvo fortuna. Los detalles no estuvieron de cara y sin puntos, sólo queda saborear la buena imagen, aquélla que alimenta al inicio de la temporada pero nunca el transcurso tras 22 jornadas.

Míchel Herrero conduce un balón en su regreso al Estadio Carlos Tartiere de Oviedo <em><strong>(LaLiga)</strong></em>

Míchel Herrero conduce un balón en su regreso al Estadio Carlos Tartiere de Oviedo (LaLiga)

Un mazazo superado
Ya es sabido que a este Real Valladolid le cuesta mucho superar los mazazos que se encuentra en sus partidos. Digiere muy mal los goles encajados pero, en esta ocasión, aunque a nivel de marcador no se dio la vuelta al marcador, el equipo supo olvidarse del tanto de Toché y centrarse en hacer su juego y busca sus alternativas. Éstas llegaron. El Pucela fue mejor que el rival tras el gol pero nunca consiguió superar la meta de Juan Carlos. El mazazo era superado por el equipo en imagen pero sin transformarlo en éxito.

Sin gol hay migajas y éstas pasan por saborear el buen juego del equipo, las alternativas generadas y la creación de ocasiones. Es un triunfo mínimo pero como toca hacer siempre una lectura positiva, el equipo transmite esas buenas sensaciones de un juego que se confirma y de un estilo que no se confirmó con otra victoria por pequeños detalles. Éstos no favorecieron al Pucela pero no por un estilo diferente. La versión pucelana fue muy similar a la de la victoria (1-0) ante el Reus Deportiu y la del (0-1) en el Ramón de Carranza de Cádiz.

El juego fue similar, el estilo, también pero los detalles sonrieron a los asturianos. El Real Valladolid concedió poco y generó mucho. La fortuna no fue blanquivioleta y el equipo pagó una mala defensa en el gol local, muy similar al que Manu del Moral anotó en la derrota (2-1) pucelana en Soria, y no tuvo la fortuna de aprovechar un balón parado, como ante el Reus, o toparse con un fallo del portero, como en Cádiz. Esta vez el portero visitante estuvo inspirado y toca quedarse con las buenas sensaciones en la jornada 22. ¡Triste pobreza!

Hasta el final
Las sensaciones, como repetían los jugadores tras el partido, eran buenas. El equipo había mostrado una buena versión y había hecho mucho, o casi todo, por conseguir los tres puntos. Poco o nada se podía exigir al equipo tras los 90 minutos, salvo la falta de acierto. Nuevamente, y dejando atrás la pasada temporada, este equipo no adolece de interés ni de falta de profesionalidad. Se trata de un equipo competitivo y hecho para mostrar sus intentos hasta el pitido final. Ya sea con marcador a favor o  contra.

Esta vez, volviendo a unos cambios cuestionables de Paco Herrera, el equipo no dio su brazo a torcer. Quiso competir hasta el último segundo y lo consiguió. No vendió su piel nada barata. El Real Oviedo tuvo que sufrir para mantener los tres puntos. El equipo lo dejó todo pero se tuvo que conformar, una vez más, con nada. Sólo con las buenas sensaciones. ¡Triste pobreza!

La secuela del partido
El Real Valladolid dejó buenas sensaciones para iniciar la segunda vuelta pero, también, miedos. Después del encuentro Paco Herrera llamaba la atención al criticar el estado de forma de Jose Arnáiz. El entrenador pacense aseguraba que el máximo goleador del equipo lleva “dos o tres semanas que no está”. El ‘29’ no vive su mejor momento y el entrenador intenta picarle para su mejora.

Para un jugador resulta más humillante ser el último cambio y vivirlo en los instantes finales de un partido que ser suplente y no salir a jugar. Por ello, el toque de atención que sufría Jose Arnáiz en el Carlos Tartiere es importante. Ser el último cambio, a falta de cuatro minutos para el final y cuando el equipo pedía su presencia es una muestra del cuerpo técnico de que el equipo está por encima de todo y que el que no lo entienda, no tiene hueco en sus planes. Jose se fue señalado de Oviedo y el miedo a estallado. No hay tranquilidad nunca. ¡Triste pobreza!