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La crispación se vuelve a unir en este largo viaje 

Real Valladolid 0 – 0 U.D. Almería | Tercera jornada consecutiva sin ganar

Sin gol, sin ideas, sin frescura. El Real Valladolid acumula su tercera jornada consecutiva sin ganar tras un intrascendente empate ante una Unión Deportiva Almería que sí degustaba la igualada. Los de Fernando Soriano mostraban, como los de Paco Herrera, grandes carencias pero en determinadas fases del partido sabían jugar con los nervios del equipo blanquivioleta. Pese al ímpetu y la profesionalidad que este Real Valladolid muestra, los detalles reviven con frecuencia todo lo vivido y sufrido la pasada temporada. Como hace 12 meses, la crispación es parte del viaje blanquivioleta y, tras este empate, está más presente que nunca.

Alex López se lamenta sobre el césped de Zorrilla tras una ocasión marrada en el tramo final del partido <em><strong>(LaLiga)</strong></em>

Alex López se lamenta sobre el césped de Zorrilla tras una ocasión marrada en el tramo final del partido (LaLiga)

Pitido final
El problema pucelano ya no es la falta de gol, que existe, o los vaivenes tácticos del equipo, que no dejan asentarse al proyecto, o la importante sensación personal de que los de Paco Herrera han perdido el camino que se había marcado desde la pretemporada. El problema es mayor. Con el objetivo de evitar una tercera semana consecutiva sin sumar, el Real Valladolid formaba en el inicio con una disposición nueva. Un doble pivote en diferentes circunstancias del juego que no hizo crecer al equipo y que no tuvo el equipo almeriense a merced del blanquivioleta. Nada cambiaba. La dinámica era similar a los dos últimos partidos. Sin marcador en contra pero muy similar por las sensaciones que dejaba el equipo en el terreno de juego. Un Pucela perdido y sin estilo.

Con un inicio mínimamente esperanzador de partido en el que Casto Espinosa fue exigido, éste no tuvo la evolución blanquivioleta que se esperaba y se exigía a un encuentro de relevancia importancia. Así, sólo el ímpetu profesional del equipo, casi siempre innegable, y la presión blanquivioleta en los últimos minutos acercaría el éxito a las opciones pucelanas. El Real Valladolid, falto de ideas, intentaría usar su coraje. No había otra opción.

Alex López lo tuvo en la cabeza, Juan Villar buscaría la oportunidad en dos ocasiones y Luciano Balbi intentaría participar en él. Tristemente, nada llegaría. El gol estaría ausente en el partido y el bagaje blanquivioleta fue inexistente. Ciertamente el juego no fue propio del gol, ni de la victoria pero la intención final sí fue propia de un gol, de un éxito o, por lo menos, para haber espantado esa crispación que se desató con el pitio final. La paciencia finalizó en el preciso instante en el que David Medié Jiménez decretó el final de la decimosexta jornada. Una nueva etapa comienza en el Real Valladolid y ésta no será sencilla. Un enorme condicionante marcará el camino.

Un largo viaje
Las temporadas son largas. Tanto que todos pueden sumar y restar puntos. Sin saber de porcentajes, los jugadores, obviamente, ganan el mayor número de puntos. Después están los entrenadores. Capaces de ganar partidos y puntos desde el banquillo, suman éxitos a la clasificación. Tras ellos, los árbitros. Como parte del juego suman o restan puntos. De igual forma están el entorno, el público de Zorrilla y los nervios de éste y en estos puntos el Real Valladolid no pinta bien. Toda parece estar en su contra.

Tras tres semanas sin sumar y sin opciones de atacar la zona alta de la clasificación, las sensaciones pucelanas no son buenas y con ellas, la crispación se ha sentado en el estadio José Zorrilla. El entorno blanquivioleta ve muchas similitudes con la temporada pasada. La mala dinámica del equipo no invita al optimismo y el equipo, tras ser incapaz de ganar a la Unión Deportiva Almería tiene un nuevo y exigente compañero de viaje. Desde ya los pucelanos deben crecer o, al menos, intentar hacerlo con los nervios del entorno.

Sentimiento pasado
El trabajo de ahora en adelante parece más exterior que interior y todo porque este Real Valladolid, supuestamente más sensato y mejor construido, cabalga hacía los errores y similitudes de la temporada pasada. Como hace un año, los pucelanos no tienen identidad. Cualquier detalle parece ilusionar pero la dosis de realidad es cada vez peor y, obviamente, menos ilusionante. La realidad blanquivioleta es triste y sinónimo del partido ante el equipo de Fernando Soriano y de las dos últimas temporadas.

En este tiempo el Pucela no ha encontrado la estabilidad y es que posiblemente no la haya merecido. No ha mostrado un guión, una idea ni un fundamento de aquel conjunto que quiere ser importante en la categoría para salir de ella. El Real Valladolid no es un club capacitado para sostener un proyecto a largo plazo. No tiene las bases ni el entorno propicio para poder darle fuerza. El equipo blanquivioleta debe mejorar en el terreno de juego para conseguir obtener esa fuerza que todo conjunto necesita para crecer en Segunda y que, actualmente, es la antítesis del equipo que dirige Paco Herrera.


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