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Ahora ya en el fútbol triunfan aquellos que ganan 

 Levante U.D. 3 – 2 Real Valladolid | Quinta derrota consecutiva del Pucela

Siendo serios. El problema ya no es que el Real Valladolid haya sumado cinco derrotas consecutivas. Seguramente tampoco lo es el camino en el que se haya generado tantas derrotas y, muy posiblemente, tampoco será el declive que vive el equipo. El mayor lastre que tiene el proyecto de Paco Herrera es mirar al futuro. Buscando, a largo plazo, los éxitos del equipo y dejando de un lado las realidades, el equipo no crecerá. El futuro no existirá porque el presente lo impedirá. En la octava jornada no se puede mirar al futuro. A estas alturas de la temporada, no triunfan los que trabajan, lo hacen los que ganan y el Real Valladolid no lo hace desde un mes.

Los jugadores pucelanos celebran el primer gol anotado en el Ciutat de Valencia ante el Levante <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Los jugadores pucelanos celebran el primer gol anotado en el Ciutat de Valencia ante el Levante (RealValladolid.es)

Dura filosofía. Dura realidad
El fútbol es un deporte en el que unos ganan y otros pierden y no sólo por el resultado que muestra el marcador. Un empate no es igual para los dos equipos que lo firman. Por lo tanto, hasta en las igualadas uno pierde y otro gana. Así, es tan importante estar en el bando ganador como hacerlo desde un estilo propio. Y más a estas alturas de la temporada, donde las tendencias ya definen proyectos.

Así es desconsolado ver el nivel del Real Valladolid porque la derrota (3-2) en el Ciutat de Valencia no es lo grave. Lo triste es cómo se ha producido tal resultado. El Pucela no mostraba estilo ni patrón y perdía en su visita a Valencia sin ser lo que esperaba. Ya lo dijo Paco Herrera tras la derrota (1-0) en Lugo: “si se pierde que sea como en la segunda parte” y desde entonces el Real Valladolid no es nadie. Pierde igual pero lo hace sin estilo ni fundamento. Caer derrotado en la octava jornada sin mostrar una personalidad definida es un hecho grave, una acción imperdonable que muestra los problemas del proyecto de un entrenador muy trabajador.

Esta faceta luchadora del experimentado entrenador le salva de un análisis crítico que aún no ha llegado en Valladolid. Tristemente regatear este análisis no alimenta el futuro. El Real Valladolid no puede mirar más allá de su último partido, aquél que, como decía Miroslav Djukic, demuestra lo “bueno o malo que eres”.

El fútbol es tan ingrato que trabajar bien no es sinónimo de ganar. Te deja más cerca, es verdad, pero no te lo asegura. Por ello, el Real Valladolid debe dar una vuelta de tuerca. Debe variar su estilo, su filosofía o su ambición y centrarse en sumar porque a estas alturas, tras ocho partidos, sólo triunfan los que ganan y no los que trabajan bien. El fútbol profesional ya son resultados y el Pucela no tiene uno favorable desde hace un mes.

El Pucela se diluye
Una de las grandes debilidades del equipo en este inicio de temporada es el avance de los partidos. Los pucelanos pierden fuerza, confianza y juego con el avance del juego. Los minutos pesan a los jugadores. La versión pucelana con la evolución del partido es mala y, de igual forma, está ocurriendo con la temporada. El crecimiento de la campaña no es tal porque Real Valladolid se está deshaciendo con el avance de las jornadas. Este Pucela es peor que el que perdió en Tenerife, por ejemplo.

Viendo que el equipo va a menos y que el trabajo semanal no se nota en el juego, las dudas para mirar al futuro crecen. Este equipo se debilita en sus propios problemas y no consigue encontrar un hilo sobre el que tirar ni un clavo sobre el que agarrarse. El Real Valladolid no tiene motivos para mirar al futuro con optimismo.

El trabajo cuenta, está claro, y la predisposición de los jugadores suma, no hay duda, pero los resultados mandan y éstos son terroríficos en el Real Valladolid. Un punto fuera de Zorrilla, un equipo sin gol y un grupo que ha perdido su seguridad defensiva potencian la racha histórica de acumular cinco derrotas consecutivas. Así, es imposible mirar al futuro. El presente no te deja. En la octava jornada el objetivo es ganar, no trabajar bien, y la obligación es competir desde una filosofía y estilo propio. Nada se cumple en el Real Valladolid y el futuro, ahora mismo, no es la esperanza, es el mayor miedo, aquél que amedrenta a los pucelanos en el terreno de juego.


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