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Mejoras de fútbol para una propuesta de ilusión 

 Real Valladolid 1 – 0 Real Oviedo | Ilusionante debut del Pucela de Paco Herrera

Terminaba el partido y Paco Herrera resumía muy bien la sensación del primer partido oficial de la temporada. El Real Valladolid sumaba los tres primeros puntos de la temporada pero lo hacía bajo un estilo dudoso y en el que tuvo que defender más de lo que pudo atacar. “Tapando huecos”, como él mismo aseguraba, las funciones y la naturalidad en el aspecto ofensivo estaba en un segundo plano. El Pucela no generaba y sí sufría. El partido terminaba en el área de Isaac Becerra por un Real Oviedo con las ideas claras y una mayor lucidez en su juego. Con la posesión se piensa mejor y, obviamente, el Pucela no tuvo ninguna idea. No existió el balón para él pero sí el corjae, la intención y la ilusión de un grupo que transmite ilusiones por trabajar y que esta pelea dé sus frutos. 

Es una victoria de grupo que no hemos firmado con esa excelencia que queremos.
Paco Herrera durante la rueda de prensa tras la victoria en el debut liguero ante el Real Oviedo 

José Arnáiz celebra el primer gol de la temporada para el Real Valladolid, el de la victoria ante el Real Oviedo (LaLiga)

Así, no. Sinceramente
“Hay que saber lo que se quiere hacer porque sabiéndolo nadie es mejor que nosotros”. Así de contundente se mostraba Paco Herrera durante la estancia de la pretemporada del equipo en Melgaço. En un vídeo de ElDesmarque Valladolid se podía ver al entrenador catalán motivar a sus jugadores para el inicio liguero y esta nueva andadura de su carrera. El entrenador estaba seguro del trabajo de su equipo para llegar en buenas condiciones al primer partido de liga aunque, muy posiblemente, no esperaba que éste fuera como se produjo. El Pucela tuvo momentos aceptables pero nunca buenos y pidió el final del partido cuando aún faltaban 20 minutos.

Es cierto que actualmente las limitaciones del grupo son muy grandes y que el Pucela tiene que adecuar muchas piezas, algunas que, por ejemplo, no podían estar en el partido. Las bajas, las penurias físicas de estas fechas y la pelea ante un equipo que parecía más rodado dejaban un final de partido agónico sin nada positivo que llevarse a la boca. Los tres puntos son fruto de un tiempo anterior y la segunda parte debe marcar un camino que no se debe repetir para un Pucela con una clara intención de ser el dominador del juego.

Cuestión de obligaciones
Antes de dominar hay que “ser un equipo”. Ésta es una de las mayores obligaciones del Real Valladolid, una de aquéllas que le puede crear un objetivo ambicioso de cara al final de temporada. Siendo un grupo convencido, el Pucela tendrá el éxito en sus manos. Ante el Real Oviedo no lo fue tanto como quisiera en el juego y se demostraría en pequeños detalles. Empezando por el final, donde el equipo más sufrió, Míchel Herrero demostró los pocos entrenamientos que lleva con el equipo y la falta de aclimatación que tiene ante el nuevo proyecto. De sus botas y de dos malas elecciones salieron dos ocasiones claras para el Real Oviedo.

El Pucela aún no está adecuado al sistema y a los condicionantes que añade todo jugador. Míchel aún no se conoce con sus compañeros y dos excesivas conducciones le dejaron el balón en manos de sus ex compañeros. Isaac Becerra tuvo que solventar la papeleta. La calidad individual superó al equipo y el Pucela pudo disfrutar de su primera victoria de la temporada. Los más positivo y lógico a estas alturas de la temporada no son los tres puntos sino el alto margen de mejor que posee el grupo.

Focalizar esa posible mejora y encauzarla desde el día a día y con una constante progresión semanal es la nueva obligación de un equipo que, futbolísticamente y con balón, hizo el partido más pobre desde que Paco Herrera está en Valladolid. En los nueve partidos de pretemporada el Pucela ha ofrecido mejores réditos de balón. En esta ocasión, su fútbol fue de contención, de estrategia y de aspectos defensivos.

Con ellos y un chispazo de hambre, ambición e inteligencia de José Arnáiz, el Pucela firmaba los tres primeros puntos de la temporada, el primer espaldarazo para una temporada larga en la que “jugar bien” no siempre se puede cumplir. El rival te gana la partida con el balón y el plan B hace entrada. Ahí, este Real Valladolid mostró una buena versión y un seguro, como Isaac Becerra, bajo palos.

Sensaciones de ilusión
Con el catalán como gran líder en el tramo final el Real Valladolid salvaba una victoria de prestigio y de solvencia para el debut liguero. Lejos de un gran fútbol, el equipo muestra un estilo definido de ilusión por el trabajo y las ganas de mejorar. La ambición es total en este nuevo Pucela. Este estilo obligado para el éxito aparece en el Pucela y convence a los jugadores. Ver la capacidad de sufrimiento del equipo enamora y vislumbra la primera obligación. El equipo tiene mejoras futbolísticas tan obvias como necesarias. Son muchos los detalles por mejorar pero éstas se pueden afrontar desde la seguridad por el trabajo bien hecho y la predisposición total del equipo.

Ver a Javi Moyano rascando balones en segundas jugadas, a Alex López ofreciéndose tanto en la salida de balón como para filtrar pases decisivos en el último cuarto, a José Arnáiz, Jaime Mata e Ibán Salvador corriendo hasta la extenuación en funciones de presión y a David Mayoral trabajando en campo propio pese a salir para “correr hacia arriba”, como aseguraba paco Herrera, son detalles para ilusionar.

La ilusión vende, la creencia en el trabajo da frutos y puntos y más en momentos en los que el fútbol no aparece y en los que el equipo no “juega bien”. Ante todas estas circunstancias, el Real Valladolid tiene una visión B, aquélla que ha inculcado Paco Herrera en el grupo. La visión del catalán y su propuesta gusta en el entorno y lo hace porque el grupo sabe llevarla a la perfección y ejecutarla de una forma convincente. Así, la mejor noticia del debut, más allá del resultado, es la brillante sensación de que el Real Valladolid no siempre jugará bien pero que nunca dejará de transmitir que lo deja todo en el terreno de juego. Tras las últimas decepciones es una gratificación.


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