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Portugal pierde contra lo que está buscando crear 

El Real Valladolid pierde (1-2) ante el Deportivo Alavés es una muestra de sus grandes carencias de juego. Segunda derrota consecutiva en el estadio José Zorrilla

Miguel Ángel Portugal no vive obsesionado con la clasificación. No la mira diariamente y, ahora, ya tiene motivos para hacerlo porque los puestos de descenso están demasiado presentes. La obsesión real del burgalés pasa por conseguir el rendimiento que desea en su Real Valladolid. Quiere conseguir un equipo compacto, un equipo que crea en lo que hace y que se muestre convincente para el entorno. En definitiva, el preparador pucelano quiere en su Real Valladolid aquello que se ha encontrado en el estadio José Zorrilla con el Deportivo Alavés. Los vitorianos, que firmaban ante el Pucela su cuarta victoria consecutiva, se mostraron como el conjunto más envidiable del momento en la categoría. Desde ahora, si el cuerpo técnico blanquivioleta busca un espejo en el que mirarse, ése es el del equipo del estadio de Mendizorroza.

Me preocupa conseguir el rendimiento que quiero para el Pucela. No la clasificación.
Miguel Ángel Portugal en la rueda de prensa previa a la visita del Deportivo Alavés 

Es un modelo porque lejos de ese rol de equipo bregador, peleón y que “utiliza la parte permisiva del reglamento”, como afirmaba Portugal en la previa al partido, es un equipo consciente de sus virtudes y sus limitaciones. Con las primeras tapa las segundas y lo hace sabiendo que lo negativo es mayor que lo positivo. Lo es sobre el papel y lo es con los nombres de la plantilla en la mano pero no lo con el trabajo, la intensidad y la lectura de los partidos que hace. En el estadio José Zorrilla, el Deportivo Alavés impartía un curso intensivo de cómo competir en la categoría. Aquello en lo que el Real Valladolid no sabe competir, el rival fue superior y la victoria fue un premio merecido para los excelentes visitantes.

Frío inicio
Si hay dos puntos en los que mirarse propiamente el Real Valladolid son los partidos ante el Mirandés y en Lugo. En ellos se vio qué es lo quiere Portugal y, posiblemente, ante el Deportivo Alavés se vio aquello que no quiere. Si ante los vecinos de Miranda y en el último duelo liguero el Pucela dominó el juego a través del balón, del convencimiento en la idea y la fuerza del trabajo, en la decimosexta jornada oucrriría todo lo contrario.

El equipo entró frío en el partido. Fue superado en intensidad, en propuesta y en lucidez por un equipo convencido que, además, se encontró con un gol en el minuto siete. Un balón suelto en la frontal del área era aprovechado por Dani Pacheco para abrir el marcador. El tanto visitante era el primer mazazo al Real Valladolid. Nada de lo propuesto y muy poco de aquello trabajado en los entrenamientos estaba en liza sobre el césped del estadio José Zorrilla por el bando blanquivioleta. El equipo no convencía al público ni al entorno y no lo hacía por uno de los mayores problemas que puede tener un equipo para Miguel Ángel Portugal. Este Pucela no consigue trasladar a los partidos el trabajo semanal. Con esa dinámica y esa poca convicción el futuro está negro. La realidad puede estar en los puestos de descenso a Segunda división B. Sí, ¡Segunda B!

J.16 | La derrota (1-2) del Real Valladolid ante el Deportivo Alavés en el estadio José Zorrilla

Balones a Juan Villar
El equipo no cree en sus posibilidades. Éste es un detalle que no hace falta calibrar con el día a día. El Pucela no tiene fuerza individual y, por consiguiente, no consigue formar un conjunto. Sin el punto diferencial de cada uno, el equipo no existe y no evolucionará. Todo lo contrario del rival y de los dos últimos equipos que han visitado y han ganado en Zorrilla. Osasuna y Alavés se han llevado los tres puntos de Zorrilla porque han tenido en su equipo a muchos Juan Villar.

El onubense es actualmente el único jugador capacitado para marcar diferencias. Lo vivido con Álvaro Rubio en Lugo, con Guzmán Casaseca ante Osasuna o con Pedro Tiba en Zaragoza, entre otros, parecen espejismos. Lo son porque, por un motivo o por orto, no encuentran regularidad en el juego. Su participación puede ser alta o mínima pero su influencia en el juego es irregular y con poco convencimiento en su éxito individual, aquel del que se debe aprovechar el Pucela y que el grupo no consigue encontrarlo. 

Diego Rubio, delantero del Real Valladolid y ‘el personaje’ del partido ante el Deportivo Alavés

Si el extremo pacense se atrevió ante Osasuna a tomar galones y asumir responsabilidades, en esta ocasión estuvo muy falto de frescura y de convencimiento. Estuvo muy poco activo en aquella versión que sí tuvo Juan Villar cuando se echó el equipo a las espaldas para llegar al área. Sin mucha presencia de Fernando Pacheco, portero vitoriano, el Real Valladolid creó mucha sensación de peligro en el último cuarto. En esa fuerza en los últimos metros estaba el ex del Cádiz, el único capaz de aportar creatividad, confianza y talento a un Real Valladolid necesitado de la vitamina que sí tiene el Deportivo Alavés de Pepe Bordalás. Aquel entrenador señalado por todos ha conseguido diseñar en pocos meses aquello con lo que el Real Valladolid lleva soñando desde la llegada de Miguel Ángel Portugal y el inicio de Gaizka Garitano. Un equipo en todas sus letras.

Mazazo con personalidad
Ya sea con el vasco o con el portugués a este Real Valladolid le motivan los impedimentos y no las posibilidades. Se crece en los momentos en los que no tiene nada que perder. Con el marcador el contra, con una inferioridad… Ahí rinde. Es decir, en los momentos en los que no tiene que proponer, solventa la papeleta con el carácter. Con el fútbol no es capaz. Con la intención, tampoco, pero se acerca más a ese nivel mínimo de rendimiento y éxito.

En esta ocasión, en esta nueva derrota en el estadio José Zorrilla, el equipo rindió cuando parecía tener perdido el partido. Tristemente, cuando Juan Villar había empatado, sólo un disparo de Álvaro Rubio demostró opciones de victoria. Tras la única acción de que el Pucela mandara en el marcador, el mazazo fue vitoriano. El golpe sobre la mesa fue blanquiazul y lo hizo con la personalidad de equipo que le caracteriza. El carácter de grupo, el convencimiento en la idea, la confianza en uno mismo y la seguridad de potenciar al grupo valieron para una victoria que les hace salir de Valladolid líderes. Se marchan encabezando la clasificación, aquella que no mira Portugal pero mostrando unos detalles, un juego y un estilo que enamoran al burgalés y que no sabe cómo firmar con su Real Valladolid, aquel que mira abajo y no arriba.