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Un juego de presión con futbolistas de intensidad 

Gaizka Garitano parece haber devuelto al Real Valladolid el fútbol que gusta

El Real Valladolid de Gaizka Garitano está a pocos días de comenzar su temporada oficial. Aún a falta de varios retoques que puedan ser determinantes durante la temporada, Braulio Vázquez ha dado un giro casi radical al vestuario de la primera plantilla. Un estilo diferente y novedoso que se aclimata mucho más a las necesidades del fútbol que quiere implantar el nuevo cuerpo técnico. ¿Cuál es ese estilo que llega desde la Sociedad Deportiva Éibar? El nuevo Real Valladolid cambia de patrón y regresa al estadio José Zorrilla un estilo de presión, fuerza y trabajo que gusta mucho en el entorno. Tras una temporada en la que la propuesta de Rubi no llegó a cuajar ni fue valorada en la medida en la que fue trabajada, Gaizka Garitano parece que inicia su periplo blanquivioleta tras ganarse un respeto más profundo y convencido del que tuvo el preparador catalán hace sólo unos meses.

Gaizka Garitano en un entrenamiento (RV.es)

GAIZKA GARITANO durante un entrenamiento

El añorado estilo ‘vasco’
Ayer comenzaba la nueva temporada de Radio Marca Valladolid. Para comenzar palpando cómo veía la afición el nuevo proyecto, la pregunta fue directa y contundente. “¿Te gusta la plantilla que está confeccionado el Real Valladolid?”, preguntaba desde su cuenta de Twitter. La realidad es que aún quedan detalles por pulir y jugadores por llegar pero el inicio marca que este Pucela es más del gusto de la gente. Cuando se habla de ascenso en Valladolid la primera imagen que aparece en la cabeza de cualquier blanquivioleta es la temporada con José Luis Mendilibar. La superioridad de juego aquella campaña fue tal que se hace imborrable en la memoria pucelana por más de ocho años que ya hayan pasado desde aquella pretemporada y todos los cambios que se crearon.

Aquel equipo se fraguó de una forma muy similar al actual. Con una mentalidad similar en el juego, el Real Valladolid de la temporada 2006/2007 convenció muy pronto ya que poseía una filosofía muy del gusto de la blanquivioleta. En el entorno del estadio José Zorrilla gusta mucho la filosofía vasca, por llamarla de alguna forma. Valladolid aplaude el estilo de presión, de lucha y de brega. Inicialmente, convence mucho más porque es lo que se ha visto durante muchos más años. “Vizcaya, capital Zorrilla”, fue un artículo que Arturo Alvarado firmó antes de la llegada del entrenador de Derio a Valladolid. En él se demostraba qué estilo se ha visto en más ocasiones en Valladolid y cuál es, por lo tanto, el que más gusta en la avenida del Mundial 82.

Cuestión de gustos, se puede afirmar, es un hecho que ocurre en todos los entornos. Hace unos años, cuando Marcelo Bielsa acababa de llegar al Athletic Club, el equipo no arrancaba. Una victoria en los siete primeros partidos oficiales dejaba el proyecto del argentino en duda. En aquel momento, a través de su ahora eliminada cuenta de Twitter, Iñaki Bea, ex blanquivioleta, comentó que la propuesta del peculiar entrenador no era lo que gustaba en San Mamés. Desde el entorno rojiblanco se aprecia más otro tipo de juego, un estilo más acorde al que busca ahora Garitano en Valladolid y al que demostró Ernesto Valverde en la reciente Supercopa de España. Presión y lucha antes que una elaboración desmedida.

Sin esa propuesta acorde al gusto del entorno, el proyecto estará siempre tambaleándose. Lo estuvo el de Bielsa en Bilbao y lo estuvo el de Rubi la temporada pasada. Los resultados son el único salvavidas del proyecto. Tres victorias consecutivas parecen devolver la tranquilidad pero un mal resultado borra todo lo creado recientemente. Con un juego diferente al que gusta en Valladolid, las temporadas se hacen largas. Zorrilla no es una plaza dura. No tiene la exigencia de Valencia o Zaragoza para sus entrenadores pero sí que posee rasgos ambiciosos.

La confianza del esfuerzo palpable
Por ello, dejando a un lado los resultados, parece que Gaizka Garitano va a tener un respaldo inicial. Se ha ganado un respeto y un valor a su trabajo que Rubi no encontró en todo un año. Posiblemente, el entrenador catalán no fue elogiado y valorado como su trabajo merecía. No fue así porque no caló entre la afición y el entorno. Marcó un camino que no pudo seguir por la elevada exigencia que él mismo quiso imponer. Puso barreras que debilitaron la comunicación y se eliminó esa “normalidad” a la que Manuel Centeno, periodista pucelano, hacía mención al poder ver esta temporada un entrenamiento de estrategia a puerta abierta y en el estadio.

Garitano entrena en el estadio. Saques de esquina, centros laterales… ¡Y a puerta abierta!Tweet de Manuel Centeno el pasado 11 de agosto sobre la dinámica de trabajo de Gaizka Garitano

El entorno blanquivioleta es consciente de que al equipo le faltan retoques, movimientos de mercado importantes con futbolistas que serán vitales durante la campaña. Sí, faltan jugadores pero se sabe que la esencia que gusta, está sobre el césped y en la mentalidad del equipo. Ese esfuerzo, ese ‘barro’, ese sentimiento de “camiseta sudada” está en el ambiente. Y gusta. Ya lo creo que gusta.

Volviendo atrás y buscando ejemplos. ¿Cuándo fue una de las pocas ocasiones en las que se confió en el Real Valladolid de Juan Ignacio Martínez? Concretamente, el 9 de febrero del 2014. Aquel día, los de Martínez sólo conseguían empatar (2-2) ante un rival directo como el Elche en Zorrilla. La victoria era vital y no se consiguió pero el equipo peleó hasta el pitido final. Hubo lucha, hubo barro, hubo pelea. Existió el sentimiento de la camiseta sudada. Con el punto heroico que sumó aquella noche la lluvia caída, la imagen final de los jugadores hizo creer a la afición. Una de las pocas veces que se confió en el Pucela del último descenso. Que se dice pronto.

Imagen con los jugadores del Real Valladolid de JIM agotados tras el esfuerzo contra el Elche el 9 de febrero del 2014 (RV.es)

Imagen con los jugadores del Real Valladolid de JIM agotados tras el esfuerzo contra el Elche el 9 de febrero del 2014 (RV.es)

Necesidad de cantidad. No de calidad
Aquel día, se presionó, se luchó y se peleó hasta no poder más. En definitiva, se cumplió el guión que Roger Martí, último ídolo blanquivioleta, lleva tatuado. ¿Cuánto tardó el valenciano en meterse al estadio José Zorrilla en el bolsillo? El tiempo que éste necesito verle en acción. Con su fuerza, su trabajo y su pelea, el futbolista del Levante fue coreado en Valladolid.

Lo fue porque cumplía esa exigencia que sólo parecía entender él. Con Rubi, sólo el ‘9’ tenía ese carácter que gusta. Un año antes, en pocos partidos el aficionado se fue orgulloso de los suyos. Contra el Elche fue uno. Fue así porque en esos momentos y con el juego de Roger se muestra el formato que busca Valladolid, un estilo que parece regresar ahora a Pucela. Valladolid es un territorio que aunque le cueste reconocerlo prefiere el trabajo y la brega de jugadores comprometidos antes que la calidad de jugadores. En el Real Valladolid, perfiles como Iñaki Bea, Vivar Dorado y Óscar Sánchez duran años y años. Otros como Medunjanin o Pelé, llenos de calidad pero faltos de compromiso, cuentan su paso por tantos meses como críticas.