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Una propuesta que sólo cambiaba en los nombres 

Tras despedirse del ascenso directo, Rubi hablaba de cambios en el formato de juego del equipo antes de llegar al play-off. En Vitoria, el cambio fue sólo de futbolistas

Después de perder contra el Real Zaragoza y decir adiós, de forma matemática, al ascenso directo, Rubi reflexionó sobre el futuro a corto plazo. En concreto, el entrenador catalán se refería en esa comparecencia de prensa a los duelos ante Deportivo Alavés y Llagostera. En estos partidos, además de ver a los “menos habituales últimamente”, se iba a “intentar cambiar alguna situación para que el equipo no se comprometa tanto en el juego elaborado”, según palabras del propio entrenador tras perder ante el equipo maño. En la previa del partido ante el Alavés, y cuestionado por una supuesta brusquedad en el cambio, Rubi matizaba sus palabras. “No vamos a salir y vamos a jugar todo directo”, aseguraba mientras afirmaba que lo que buscan es “darle la tranquilidad al jugador que inicia desde atrás para que si no ve con claridad ese pase, tenga trabajada otra alternativa”.

En definitiva, en Mendizorroza y ante el Deportivo Alavés, se iba a ver a un Real Valladolid diferente, al menos en funciones de creación de juego. Quitándole a los jugadores “la presión de la elaboración” pero sin “jugar a dar pelotazos”, en Vitoria se quería ver a un Real Valladolid más completo, un equipo con más “alternativas”. El estilo sería trabajado durante la semana pero, finalmente, la “inspiración” del propio jugador, como detallaba el líder del cuerpo técnico blanquivioleta, sería la que marcaría un cambio que ante el Alavés, a nivel global, sólo fue de los futbolistas y de lo que estos repercuten con su estilo.

Rubi en el banquillo de Zorrilla

Rubi en el banquillo de Zorrilla

La diferencia propia de los futbolistas
Rubi quería ver a su equipo con alternativas para así eliminar de la mente de todos los jugadores la obsesión por el juego elaborado y eliminar “responsabilidades” en determinados jugadores que pudieran estar muy señalados por el entorno. Es cierto que en Vitoria se consiguió un juego menos creativo en el que el balón estaba menos tiempo en la primera línea pucelana. Pese a ese éxito, por llamarlo de alguna forma después de la petición de Rubi, la sensación era que este triunfo sucedía más por la tendencia que marcaban los jugadores presentes en el campo que por idea propia del equipo. Con la presencia de Túlio de Melo, que marcaba constantemente a los centrales, colgar balones al área era un recurso que con otros futbolistas es difícil. De igual forma que no es lo mismo jugar con el brasileño que con Roger Martí, el estilo de creación de juego lo marcaba la presencia de Jonathan Pereira, un jugador de espacio y de rápido contacto con el balón.

El ‘24’ del Real Valladolid, que jugaba por delante del centro del campo, es un futbolista radicalmente opuesto a Óscar González, ausente en Mendizorroza y líder de esa posición de engranaje con la punta del ataque. El ‘10’ necesita el balón para entrara en juego y ser decisivo. Por el contrario, el gallego parte más como segundo delantero y busca espacios y huecos para ser determinante con el balón. Cambiando a De Melo por Roger y a Pereira por Óscar, el juego pucelano es otro pero no porque el equipo haya cambiado en una semana sino porque el estilo de una pareja y otra es diferente. Muy diferente.

La mayor diferencia entre estas parejas tan opuestas está en dónde se rompe y dónde se busca ese cambio de ritmo para llegar al área o ser decisivo. En la zona en la que se busca ser diferencial está la cuestión decisiva de este tema. Con Pereira los movimientos de ruptura llegan casi en el centro del campo. Con Óscar, no existen en esa zona. No existen con él. Busca otro estilo. El charro busca sorprender con su incursión entre los centrocampistas y crear superioridad en la zona más relevante de elaboración. Con el ‘10’ sobre el campo, la ruptura llega unos metros más arriba de lo que pasó en Vitoria. Así se explica ese juego menos elaborado de la versión pucelana que tanto deseaba Rubi tras perder ante el Real Zaragoza.

La “elaboración” de los centrales
Tras el varapalo que significaba perder ante los aragoneses en el estadio José Zorrilla, los términos más repetidos por Rubi eran los de “elaboración”, “responsabilidad” y “seguridad” y los tres se demuestran en el cambio que se percibió en los centrales pucelanos en un partido y en otro. Pese al cambio de Chus Herrero por Samuel Llorca, Jesús Rueda participó en ambos encuentros, dejando detalles muy diferentes.

Las imágenes con el resumen de los encuentros de los centrales pucelanos ante Real Zaragoza y Alavés | Vía RealValladolid.es

Para cumplir esa obligación de “jugador elaborado desde atrás”, los centrales deben ser protagonistas pero en el buen sentido, en aquel que habla de una exquisita confianza con el balón. Este hecho no se produjo ante el Real Zaragoza. En aquel duelo, Jesús Rueda y Samuel Llorca estuvieron extremadamente imprecisos con el balón. Entre los dos, de los 101 pases que dieron, sólo acertaron en el 64,25%. Una cifra realmente baja para un equipo que quiere crear juego desde su línea defensiva. Desde el primer instante de aquel duelo, los centrales pucelanos no estaba finos, todo lo contrario que en Mendizorroza.

Ante los vitorianos, Jesús Rueda y Chus Herrero firmaron un éxito rotundo. En una participación más alta, ya que firmaron 120 intervenciones de juego con el balón, el porcentaje de éxito fue del 93,9%. Un avance altísimo en esa petición que había realizado el entrenador durante la semana. En este punto será en el que Rubi se enorgullezca de sus jugadores. Los centrales firmaron un partido muy consecuente, evolucionando en su juego y creando esa “tranquilidad” y “eliminación de presión” que solicitaba. En el eje de la defensa sí se vio un cambio blanquivioleta, en el resto del equipo, fueron los estilos diferenciados entre el juego de los jugadores mencionados los que marcaron un cambio más mínimo que ilusionante y esperanzador.