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Cuando los resultados superan a las sensaciones 

A pocas semanas para el final, las sensaciones no suman. Sólo valen los resultados

“Las sensaciones ante el Sabadell fueron buenas”. Pese a no ganar al equipo catalán, un amplio sector del entorno del Real Valladolid está contento con el encuentro que los de Rubi firmaron ante el equipo de Juan Carlos Mandiá. En aquella ocasión, el equipo disputó grandes minutos de juego, generó infinidad de ocasiones y fue dueño del partido desde el principio y hasta el final. Esa alegría por las buenas sensaciones pucelanas no es un error pero sí que es, en estos momentos, un éxito demasiado exiguo. A esta altura de la temporada, el juego del equipo ya está definido. Sea mejor o peor, el Real Valladolid tiene un patrón con un margen de mejora mínimo. Cuando se cuentan las semanas para el final del campeonato con los dedos de las manos, lo vital es la competitividad del conjunto y los puntos conseguidos. Más allá de sumar, todo es secundario porque en el tramo final las sensaciones no suman. Ahora sólo vale lo que refleja el marcador del estadio y aquel día, pese al buen juego, el Pucela perdió dos puntos que quizás son vitales en unos pocos días.

Rubi en el partido ante el Leganés (RV.es)

Rubi instantes antes del inicio del partido ante el Leganés

El valor de las sensaciones
Un empate en casa siempre es malo. Pese al dicho de que “sumar siempre es positivo”, un equipo que quiere ascender, debe dejar escapar los mínimos puntos posibles en su estadio. Por ello, el empate ante el Sabadell es malo. Lo es incluso más que los conseguidos en la jornada séptima y novena, ante Real Betis y Ponferradina, respectivamente.

Aquellos días, el Real Valladolid de Rubi se estaba aún forjando. Debían familiarizarse algunos futbolistas y un estilo de juego que debía acoplarse al vestuario y a la categoría. Así, sumar en aquel momento no era tan malo. Había que hacerlo como en la actualidad pero al estar en formación, las sensaciones sumaban. Con ellas se podía crecer y evolucionar. Ahora, ya no. En estos momentos suman, ayudan a evolucionar y fomentan el crecimiento los puntos. Actualmente, todo lo que no sea una victoria, resta. El equipo siente que ha fallado. Los rivales se distancian y nada se valora como positivo. Lo que antes valía, en la actualidad es un castigo. ¿Por qué un castigo? Porque los fallos ahora son aprovechados por los rivales para generar una presión elevada y sumar las dudas al día a día de la temporada.

Es un momento en el que las jornadas no duran 90 minutos. Perduran lo que los encuentros de los rivales y el tuyo propio viven 270, 360 ó incluso 450 minutos duran en estos momentos las jornadas. Empatar en casa, con buenas sensaciones, no regala nada en el futuro y sí que genera que los rivales por el objetivo aumenten y reduzcan las diferencias. Así, sabiendo que todo lo que no sea sumar es perjudicial, las sensaciones no suman. Quizás para el futuro es importante saber hasta cuándo valen las sensaciones que dejan un partido y cuando éstas son secundarias en favor de los resultados. Algunos dirán que siempre, otros que nunca y, finalmente, como siempre, en el intermedio estará el éxito.

Resultadista y real
Hace sólo uno días se estrenaba en Canal Plus un reportaje sobre Paco Jémez titulado “Paco Jémez: Anatomía de un Rayo”. En este documental de casi 60 minutos se indagaba sobre la personalidad del entrenador vallecano. Un hombre peculiar con una idea de fútbol bien definida. Su versión futbolística es inamovible pero en ese reportaje explica con exactitud cuáles son sus premisas. El quiere “jugar bien” pero este término no es el mismo para todos. Jémez matiza en varias ocasiones que “lo que para mí es jugar bien, quizás no lo es para ti”. Esta matización es importante. En el fútbol actual parece que sólo existe una filosofía de juego y una forma de “jugar bonito” que no bien. En esta época, cuando el presente y el futuro están en juego, no se deben traicionar los principios pero se deben unir de una forma férrea con aquellos síntomas futbolísticos que te lleven a la victoria.

A estas alturas de la temporada, con todo en juego, el que mejor fútbol realiza es aquel que mejor compite. El que merece la victoria es aquel que conoce sus opciones mejor que el rival, que acentúa sus virtudes y que esconde sus debilidades. A pocas semanas del final de la temporada, jugar un buen fútbol es hacer lo que uno sabe para llegar de la forma más rápida y directa a la victoria. No es cuestión de ser resultadista, consiste en ser real y consecuente. Con una temporada en el alambre, jugar bien no es hacer una salida de balón completa desde la línea defensiva cueste lo que cueste. Jugar bien a estas alturas no es otro éxito que conseguir acercarse al objetivo. Cada fin de semana, el equipo tiene un partido que puede marcar el futuro y sobre él se debe trabajar para obtener el mayor éxito posible. Sólo así el éxito llega. De esta forma, las sensaciones creadas en los primeros partidos habrán valido para crear un proyecto ganador, al fin y al cabo, lo que todos buscan y sueñan con tener.