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Cuando el grupo parece superar la individualidad 

En este Real Valladolid el grupo gana a las individualidades. Fuera y dentro

Analizando con frialdad la actualidad del Real Valladolid y estudiando de una manera pormenorizada el rendimiento individual de los jugadores del vestuario que maneja Rubi, se pude asegurar que en este Pucela prevalece el grupo por encima de todas las individualidades. Ya sea por suerte o por desgracia, en el estadio José Zorrilla no están destacando varios futbolistas de una forma acentuada. Solamente Johan Mojica parece estar a un nivel alto de sus cualidades. El resto, viven baches, altibajos o crestas en su juego. Ni Óscar González, máximo goleador, ni Carlos Peña, futbolista con más minutos ligueros, ni Marc Valiente y Jesús Rueda, parte vital de la defensa y del planteamiento de Rubi, viven su mejor momento en esta temporada. Todos los futbolistas se fortalecen en el grupo para seguir en los puestos altos de la clasificación. Así, el conjunto parece superar todas las individualidades. Todos o casi todas. Johan Mojica sí que parece estar en un gran momento y con esa confianza que le hacen ser determinante, como se demostró en Tenerife, donde su ausencia fue el inicio de la derrota pucelana.

Rubi, actual entrenador blanquivioleta (RV.es)

Rubi, actual entrenador blanquivioleta

Grupos con grande destellos
Si en el mundo del fútbol se dice que “cada partido es un mundo”, cada temporada lo es mucho más aún. Por ello es difícil poder comparar temporadas aunque sea un hecho inevitable. Así, se puede ver que si la actual campaña tiene algo que ver con la 2006/2007 y la 2011/2012, las de los últimos ascensos, es la fuerza del grupo. Con José Luis Mendilibar y con Miroslav Djukic, el vestuario era la base de todo trabajo, como lo es en la actualidad. Solamente existente una pequeña pero, a su vez, gran diferencia. En 2007 había dos o tres jugadores que destacaban en el terreno de juego sobre el resto. Joseba Llorente, Víctor Fernández o Sisinio González dejaban constantes destalles de calidad. Ellos vivían momentos importantes en su carrera y así, cuando el partido se ponía trabado o complicado, el Real Valladolid se basaba en ellos para llegar a la victoria. Los compañeros sabían del nivel de confianza que, por aquellas fechas tenían esos jugadores.

Al igual que en aquel año, en el 2012 existían nombres destacados en lo que a rendimiento de fútbol se refiere. Javi Guerra, Óscar González o Nauzet Alemán era la base futbolística del proyecto de Miroslav Djukic. Aquel equipo jugaba bien. Lo hacía como un grupo seguro pero siempre tenía esa seguridad que otorgaba el instinto goleador de Javi Guerra o la calidad de Óscar o Nauzet. Con ellos, en momentos destacados de su carrera deportiva, el Real Valladolid conseguía el ascenso de categoría. Estos nombres asomaban la cabeza sobre el sentimiento de grupo y unión que había en esas temporadas. Ahora, el enfoque sobre el peso del grupo es diferente.

En la actualidad, el Real Valladolid tienen pocos jugadores en un momento importante y determinante de su carrera. Óscar está volviendo al acierto goleador de temporadas atrás pero sin ser aún ese jugador determinante que fue hace dos o tres años. En algunos encuentros sí se ve esa versión mágica pero le sigue faltando regularidad. Como él está mucha parte del vestuario. La gran mayoría, realmente. Todos viven un buen momento de fútbol. De no ser así el Real Valladolid no estaría en play-off y a sólo tres puntos del liderato. Eso sí, ese estado de forma no es destacado ni brillante. Por ello, el grupo es la fortaleza pero de una forma diferente a como lo era en el pasado. Antes ésta era la base que evitaba los problemas y daba un plus de juego, seguridad y fútbol al equipo pero, ahora, es el fundamento del juego. La base total.

El objetivo ya cumplido
Antes, el Real Valladolid se basaba en el grupo fuera del terreno de juego. Ahora, fuera y dentro. Con este detalle quizás se pueda entender que esta campaña se haya perdido más encuentros que en las campañas de los anteriores ascensos. Pasadas 26 jornadas, Rubi ha claudicado en seis partidos. Por su parte, Djukic y Mendilibar lo habían hecho en cuatro y tres ocasiones, respectivamente. En otras temporadas, cuando el encuentro estaba cuesta arriba, Víctor o Llorente tomaban creaban una genialidad o, pasados los años, Javi Guerra y Óscar fabricaban un gol. Ahora, ese punto de genialidad no es tan destacado como antes. La motivación es diferente y Rubi tiene un trabajo muy duro y costoso en ese aspecto.

El técnico catalán ya lo avisó en su rueda de prensa de presentación. “Veo más difícil convencer del ascenso a aquellos que ya lo han conseguido aquí que a los que han vivido el descenso”. Estas palabras pueden estar confirmándose con el paso de las jornadas. Actualmente, no es cuestión de que el equipo esté desmotivado o alicaído, el motivo está en que el objetivo final ya no es tan ilusionante como antes. Ya ha sido conseguido por una buena parte del vestuario y una repetición no gusta tanto como un estreno. Es más, para esos jugadores el objetivo ya no es tal y sí es una obligación.

Con todo el peso que conlleva vivir otra temporada en Segunda división y con el desgaste que estos meses hacen física y mentalmente para conseguir un éxito ya conocido, el resultado es bueno. Actualmente el equipo está en disposición de conseguir el objetivo y hacerlo de forma directa. La cuestión ahora está en ver si esos jugadores importantes dan un golpe sobre la mesa y destacan sobre el grupo a nivel de juego. En ese crecimiento y en esa supuesta relevancia está el futuro del Real Valladolid de Rubi. Ahí, estará el ascenso directo.