La linterna de Velasco

La linterna de Ángel Velasco, desde el 20 de febrero de 2007 informando y opinando sobre el Real Valladolid

Desde la grada de Zorrilla

Dudando en replantearse los objetivos marcados

Dos regalos defensivos y una triste segunda parte, pese a la superioridad numérica, condenan a un Pucela que necesita urgentemente cambios. La duda es saber cuáles

«Cuando la ilusión es espejismo y no resurrección» | Crónica de la derrota en Pamplona

Mañana desapacible en tierras navarras pero con un partido que hasta hace bien poco se podía disfrutar en la Liga de las estrellas. Con ese aroma a Primera División, llegaban ambas escuadras con un único propósito: llevarse los tres puntos. Por motivos bien distintos, pero lo que importaba era ganar. Los pamplonicas, con su entrenador en la cuerda floja, querían dejar su mala racha a un lado mientras que los de Rubi buscaban su segunda victoria consecutiva y fortalecer su posición en la zona noble de la tabla. Después del minuto cuatro, parecía que se hubieran visto primero los últimos diez minutos de partido. Como si de una locura se tratase, en esos 240 segundos se había visto una pena máxima no pitada a favor de los rojillos, un gol mal anulado al Pucela y el primero tant del partido por parte local. Diez minutos más tarde, una genialidad de Óscar González devolvía las tablas al marcador, y lo que era más importante, dejaba a las claras que el mejor equipo sobre el campo era el Real Valladolid. Pero nada más lejos de la realidad. Vino un tercer gol, sí, pero no en el área deseada. De nuevo una defensa blandita ayudaba a que los navarros volvieran a ponerse por delante. Una segunda parte para reflexionar, con un hombre más gran parte de ella, permitía a los locales no sufrir en exceso y dejar al Pucela muy tocado anímicamente, aunque los jugadores digan lo contrario.

Óscar y Sisi en el duelo de Pamplona (RV.es)
Óscar y Sisi en el duelo de Pamplona

Desde fuera se aprecia falta de actitud
Cuando un equipo, sea de la categoría que sea y tenga las aspiraciones que tenga, comienza su andadura por el mes de agosto, lo que principalmente se le pide es que por ganas que no quede. Por muchas estrellas que se tengan dentro de un vestuario sin luchar por cada balón como si fuera el último y sin pelear por el escudo que se defiende, los objetivos nunca se cumplen. Dicho esto, que es básico para cualquier deporte, el domingo en El Sadar parecía que los futbolistas del Real Valladolid podían perfectamente pero no querían. Y por ese camino es imposible. Por ejemplo, cuando se marca un gol, un gran gol por cierto, y lo anulan, a la siguiente jugada jamás te lo pueden marcar a ti y el Club Atlético Osasuna lo hizo. Después de anotar el empate y ver que tu rival está roto, el equipo fue a por el segundo pero sin verse claras intenciones de hacerlo.

Pese a que en la primera parte se vieron detalles preocupantes, lo que más ha podido doler a la parroquia pucelana fueron los segundos 45 minutos. El Real Valladolid con once jugadores y ellos en inferioridad no evitaron que te dominaran. No se creó peligro, no se crearon superioridades y en las contras te pudieron matar. En definitiva, 45 minutos para que reflexionen todos y cada uno de los jugadores que participaron ayer porque este  juego, por su imagen y el la del equipo, no se puede volver a repetir.

La defensa, una de cal y otra de arena
Si la semana pasada se volvía a sacar pecho por la solidez defensiva mostrada frente al Recreativo de Huelva, en esta ocasión hay que hablar de fallos garrafales que costaron tres puntos. En el primer gol, Nekounam solo en el punto de penalti y en el segundo Marc Valiente no es capaz de adelantarse a Cedrick en el área pequeña. Por no decir el gol anulado a Nino, mal anulado por otra parte. Rota la supuesta seguridad defensiva de este proyecto es momento de hacerse pregunta y la primera es: ¿Cuántas veces a lo largo de la temporada ha roto el fuera de juego Carlos Peña?

14 goles en contr, no son muchos y todavía nos permiten estar en el segundo cajón de los menos goleados de la competición pero, precisamente por eso, da más aún rabia que encajes estos goles siendo un plantel con claras aspiraciones de ascenso. Aunque, con estos fallos, quizá hay que empezar a plantearse otras metas menos ambiciosas.

¿Qué se necesita realmente en el mercado de invierno?
Desde la lesión de Roger Martí que fue apuntalada por la de Alejandro Alfaro, la comidilla de todo debate acerca del Real Valladolid es esta prgunta. ¿Un delantero tanque? dicen algunos. ¿Un punta estilo Roger?, apuntan otros. Después de ver esta última racha de partidos, ya no se sabe lo que realmente necesita el equipo. Es evidente que la portería y la defensa no se van a tocar, pero a partir de ahí, puede ocurrir cualquier novedad.

Un delantero, por lo menos, es obvio que tiene que legar a Valladolid pero un compañero más parece que también es obligatorio. No hay que olvidar que, aunque de momento están cumpliendo, hay jugadores como Bergdich o Mojica que vinieron para jugar en una posición opuesta a la que están ocupando a día de hoy. Como la economía es la que es, en el seno del club también se habla de posibles salidas para, entre otras asuntos, poder llenar algo las arcas e ir a por algún que otro jugador con algo de peso futbolísticamente hablando. Hasta entonces y mirando al partido del próximo domingo ante al Fútbol Club Barcelona B, el duelo ante los catalanes determinará si las aguas del Pisuerga por Navidad bajan revueltas o si por el contrario la calma impera para que Braulio Vázquez y su gente puedan seguir trabajando tan bien hasta ahora.

«Desde la grada de Zorrilla», por Enrique Álvarez Herrero (@EnriqueAH10)