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Rubén de la Barrera y Rubi. Boxeador ante golfista 

El Real Valladolid vive dos formas para el objetivo de dominar el partido y el juego

Rubi no quiere que su Real Valladolid sea un boxeador. El técnico catalán prefiere que su proyecto blanquivioleta sea más parecido a un golfista. Con este símiles se puede llegar a entender que el Pucela sea un equipo muy seguro defensivamente pero poco anotador. El ex preparador del Girona entiende que si su equipo se comporta como un púgil y entra en un intercambio constante de golpes, perdería. Por ello, Rubi pide que su Pucela sea preciso como un golfista. Así se puede valorar sobre el césped cada golpe, en este caso goles. El primer equipo del Pucela es un equipo técnico, que necesita el balón para utilizarlo con tranquilidad. Mimarlo para llevarlo a su destino. El equipo debe ser el dueño del partido porque ante pocos pero precisos movimientos, mejora. Ante un elevado número de golpes que analizar, el Real Valladolid es tan peligroso como lo fue en Albacete, donde el partido, ganado y controlado, cerca estuvo de escaparse. La precisión de un golfista de alto nivel predomina en el primer equipo pero no en el Promesas. La segunda escuadra blanquivioleta prefiere un estilo pugilístico con intercambio de golpes y goles. En definitiva, dos formas muy diferenciadas de dominar un partido que han encontrado hueco en un mismo lugar de entrenamiento.

De la Barrera ante el Oviedo (RV.es)

De la Barrera ante el Real Oviedo

En disposición de ganar
Desde el primer día que se proyectó el Real Valladolid 2014/2015, hay una idea y un slogan marcado a fuego en el vestuario del primer equipo y en el del Promesas. “Ser dominador del partido y del juego” es una obligación. Se trata de un objetivo innegociable para Rubi y Rubén de la Barrera. Este último lo explicaba muy bien el día de su presentación como entrenador del filial blanquivioleta: “Desde el primer día nuestro objetivo no es otro que hacerlo bien. Competir, estar siempre en posición de ganar, ser dominador del juego y que al final de la temporada todo el mundo sienta que ha crecido. En lo colectivo, debemos construir una identidad”.

Con este lema, ambos técnicos quieren que sus equipos sean los que propongan en el partido pero bajo unos parámetros de juego diferentes. Sin olvidar el plus profesional al que obliga el primer equipo y que pueden matizar algunas de las palabras de Rubén de la Barrera, el filial prefiere dominar en Segunda divisón B siendo más vertical y profundo y tras generar un buen número de ocasiones. Mientras tanto, el primer equipo busca en la categoría de plata un dominio total del esférico para con él no perder nunca ese “equilibrio” al que siempre hace mención Carlo Ancelotti en el Real Madrid.

Rubi no quiere inicialmente un intercambio de golpes mientras que Rubén de la Barrera parece que no lo evita. En definitiva, dos formas de dar personalidad y estilo a dos equipos que comparten el mismo lema. Con estas ideas y bajo un pequeño análisis de la falta de gol que vive el primer equipo, los dos últimos empates (0-0) no deben ser tan preocupantes como el entorno parece obligar a verlos. Es cierto que no ganar a Sabadell y Mirandés, dos equipos de la zona baja de la tabla, son resultados que deben chirriar para un equipo de la envergadura del Real Valladolid pero todo tiene un apartado positivo y que en este ‘cerocerismo’ se debe centrar en la fiabilidad defensiva y la seguridad del primer equipo.

Equilibrio global
El equilibrio y el dominio predominan en este Real Valladolid con el objetivo de no regalar nada. El Pucela, por juego y números, quiere asestar golpes que sean definitivos. Las estadísticas del equipo, dejando a un lado la excepción del partido en Albacete, hablan de una media de un gol anotado por partido y de 0,5 recibidos. Cifras elocuentes que demuestran la precisión de golfista a la que sueña Rubi y que se alejan de los 21 goles anotados y 18 recibidos del boxeador a lo que ha convertido de forma exitosa Rubén de la Barrera al hermano pequeño del grupo de Rubi.

El Promesa ha vivido esta temporada partidos tan alegres de ver para el espectador como la victoria (4-3) sobre el Real Oviedo, la goleada (4-0) sobre el Zamora o la derrota (2-3) contra el Compostela. Marcadores amplios, tanto en el rival como en filial que hablan sin tapujos de un estilo diferente al del primer equipo. Esa idea encuentra diferencias en la forma pero no en la base ni, sobre todo, en el objetivo. Con precisión o intercambio de golpes, el Real Valladolid 2014/2015 es ambicioso en sus dos primeros equipos. El equilibrio o la verticalidad son los rasgos que marcan esas ganas de dominar y mandar sobre el campo que Rubén de la Barrera o Joan Francesc Ferrer han imprimido a sus plantillas.