La linterna de Velasco

La linterna de Ángel Velasco, desde el 20 de febrero de 2007 informando y opinando sobre el Real Valladolid

Recuerdos blanquivioletas

Si la historia pucelana manda, JIM debe continuar

Si la historia pucelana cuenta para tomar una decisión en la actualidad, el cambio de banquillo es un riesgo. En muchas de las 30 campañas con cambio, se fracasó

Desde la fundación del Real Valladolid, por norma, los cambios de entrenador no han dado el efecto deseado.
De las 30 temporadas en las que el Pucela vivió cambios en el banquillo, sólo en 12 se consiguió el objetivo.
Carlos Suárez no ha conseguido acertar en las cinco ocasiones en las que ha decidido cambiar el banquillo.

Juan Ignacio Martínez, antes del partido en Elche (RV.es)
Juan Ignacio, antes del partido en Elche

Cuando los resultados de un equipo no son los esperados o los necesarios la “cuerda se rompe por el lado del entrenador”, como dice Juan Ignacio Martínez. El actual míster pucelano conoce su situación y en la rueda de prensa de ayer agradecía la confianza Carlos Suárez y Alberto Marcos porque sabe que “en otras circunstancias, Juan Ignacio estaba en Alicante”. Quizás, es verdad, en otro momento, en otra época y con una economía mejor, él habría sido despedido. Después, como es habitual en el mundo del fútbol, llegarían las dudas de saber si la decisión fue la mejor o no. En este aspecto, la historia del Real Valladolid recomienda la no destitución del entrenador pucelano.

Desde que en 1958 fuera cesado Rafael Yunta, el primer preparador de la historia blanquivioleta en no terminar la temporada que empezaba, las decisiones de cambiar de entrenador no han dado el resultado que se buscaba. El resumen es que sólo en 12 de las 30 temporadas en las que el Pucela ha vivido cambios de inquilino, el objetivo marcado se ha cumplido. En las 18 restantes, el cambio de entrenador no tuvo el efecto buscado y el Pucela o no consiguió el ascenso que buscaba o perdía la categoría pese a la decisión de culpabilizar al entrenador con el que se empezaba la temporada. Pese a ser la medida más fácil, la más cómoda y la más anclada al mundo del fútbol, los 86 años de historia del Real Valladolid demuestran que la destitución no siempre es la solución, más bien al revés.

Ramón Pradera, un pionero
Era el 26 de enero de 1958 y tras la prórroga de un partido que solicitó el entrenador Rafael Yunta, la derrota (1-3) ante el Real Zaragoza mataba todas las opciones de continuar en el banquillo del preparador toledano. Ramón Pradera, presidente del club decidía afrontar la primera destitución de la historia del Real Valladolid y colocar a José Luis Saso, entonces jugador del equipo y portador del nivel nacional de entrenador, al frente del equipo.

Infografía de los cambios de entrenador. ¡Click! para aumentar

El histórico pero entonces joven e inexperto Saso se ponía al frente de sus compañeros y amigos para intentar salvar al club de un descenso que no conseguiría evitar en su primera pero no última temporada en el banquillo. Ésta, la primera decisión de relevar en sus funciones a un entrenador, marcaría el camino del Real Valladolid en este aspecto y en el futuro del presidente. Ramón Pradera pagó esta medida y el descenso con el descontento de la afición y con la decisión de no presentarse a las elecciones y dejar a Carlos del Río como nuevo presidente.

Tras esta destitución, el Real Valladolid viviría una época de malas medidas que le llevaría a la época moderna. Hasta la década de 1980, en la que cuatro destituciones sí valieron para obtener los objetivos, el Real Valladolid arroja el terrorífico dato de 13 destituciones y sólo dos éxitos. La salida, aunque en este caso se trataba de dimisión, de Francisco Lesmes en la campaña 1961/1962 no repercutiría para ascender a Primera de la mano de Heriberto García, previo paso de Manolo Soler por el banquillo blanquivioleta.

El segundo y último éxito blanquivioleta en los banquillos antes de 1980 llegó en Segunda división. Tras el traumático descenso de 1969 en la que dos históricos como José Luis Saso o Gerardo Coque no consiguieron salvar al Pucela del descenso a Tercera división, éste último afrontó el reto de devolver al Real Valladolid a la categoría de plata a la máxima brevedad posible. Su intento fue fallido pero la contratación de Héctor Martín, no. Con el míster natural de Tetuán, el Real Valladolid regresó a Segunda para dejar atrás años de penurias y vivir mejores temporadas y más éxitos.

Años de Primera y de buenas decisiones
Tras el regreso a Segunda de la mano de Martín, el Real Valladolid vivió nueve temporadas en Segunda hasta que consiguió volver a Primera división y vivir una época más acorde con su historia, su magnitud y su ciudad. Con Eusebio Ríos en el banquillo, el Pucela volvía entre los grandes para vivir 12 temporadas consecutivas con ellos. Hasta la destitución de Maturana y la llegada de Javier Yepes, en la campaña 1991/1992, el equipo estuvo en la élite y se sobrepuso a cuatro cambios de banquillo.

La salida de Felipe Mesones (1982), la de José Luis García Traid (1983), la de Xabier Azkargorta (1986) y la de Josip Skoblar (1989) tuvieron efecto positivo en el equipo que con más o menos solvencia salvaba la categoría. En aquella época las decisiones de los presidentes fueron buenas. Manuel Esteban, Gonzalo Alonso y Miguel Ángel Pérez Herrán tuvieron fortuna o acierto a la hora de cambiar el inquilino del banquillo, algo que en la actualidad no se puede afirmar.

Carlos Suárez y cese ≠ Éxito
El actual presidente del Real Valladolid y máximo accionista, Carlos Suárez, no puede alardear de haber cambiado una dinámica de su Pucela tras un cambio en el banquillo. En las cinco temporadas en las que ha decidido sustituir al preparador con el que se empezaba la temporada, en ninguna se ha conseguido el objetivo marcado para esa campaña. Desde que se estrenara en abril de 2004 con la destitución de Fernando Vázquez, ninguna decisión del presidente blanquivioleta ha tenido éxito para llegar a cambiar la dinámica perdedora del equipo.

Cambios de entrenador con Carlos Suárez. ¡Click! para aumentar

Ni en 2004 cuando Antonio Santos no consiguió evitar el descenso de categoría ni en las dos siguientes campañas cuando Marcos Alonso no mejoró el trabajo de Sergio Kresic ni Alfredo Merino el del propio Marcos Alonso. La llegada de José Luis Mendilibar dio estabilidad al Real Valladolid hasta que en febrero de 2010 fue cesado. La llegada de Onésimo Sánchez, primero, y Javier Clemente, después, no fueron capaces de evitar el descenso del equipo.

El inexperto entrenador vallisoletano y el veterano preparador vasco no salvaron el caro proyecto de Roberto Olabe de la mismo forma que Abel Resino no pudo llevar a Primera al proyecto diseñado por José Antonio García Calvo y dirigido inicialmente por Antonio Gómez. Así, la destitución de los entrenadores pucelanos no auguran éxito, más bien todo lo contrario. Pese al intento, en algunas ocasiones desesperado, por conseguir el éxito, los dirigentes pucelanos han errado en los cambios de banquillo. Seguramente Carlos Suárez lo tendrá presente a la hora de meditar una posible destitución de Juan Ignacio Martínez que, por historia del club, es tan desaconsejable como por metodología y trabajo del cuerpo técnico que lidera el entrenador alicantino.

1988. Periodista deportivo y entrenador UEFA PRO que cree que en el fútbol todo tiene el término apropiado y un porqué obligatorio. Por ello, desde 2007 lleva entrenando equipos y escribiendo en este pequeño rincón.